
Description
¿Adónde va la infancia?
Los años saltan a la comba, como si jugaran a la goma: uno, dos, tres… y otro salto más. Pero dentro de mí sigue viviendo esa niña. Caprichosa, cuando quiero que el mundo se doblegue a mi “quiero”, soñadora, cuando atrapo el atardecer con la mirada, y alegre, cuando el viento hace girar las hojas, como en aquellos días lejanos de la infancia.
Ojalá tuviera una máquina del tiempo… Aunque fuera por un solo día. Regresar a ese lugar donde huele a espuma de leche y a sol en las cortinas. Donde corro descalza por el suelo de madera que cruje, con mi juguete, el conejo al que le falta una oreja por los lavados. Allí está mamá…
Cuánto deseo abrazarla. Apoyar mi mejilla en su pecho cálido y quedarme quieta. Escuchar los latidos de su corazón, mi primera nana. Todavía siento su aroma: lavanda, pan recién horneado y algo indefiniblemente hogareño. Su sonrisa, luminosa, con un toque de tristeza, como si ya entonces supiera lo rápido que pasaría el tiempo.
Lo recuerdo… Quizá la infancia no se va a ninguna parte. Solo se esconde: en los olores familiares, en los reflejos del sol en el suelo, en los ecos de risas lejanas. Y vive en mí. En esa niña con los ojos llenos de luz.
Continuación.
Ahora, en la era de las nuevas tecnologías, construyo puentes a través de los océanos hablando con mis nietas por teléfono. Sus voces, como campanitas, cruzan el “charco” entre continentes, ¡y eso es mágico! Cierro los ojos y veo sus miradas traviesas, escucho sus risas, tan vibrantes como las mías de antaño. El talento de mi madre para hablar varios idiomas florece en ellas: charlan mezclando palabras, y yo sonrío, reconociéndola en sus entonaciones.
Guardo cada instante que pasé con ellas. Sus resoplidos por la noche, acurrucadas a mi lado. Cómo pintábamos juntas, embadurnando el papel con colores y riendo cuando nuestras manos quedaban llenas de pintura. Esos momentos son mi continuación, la continuación de mi madre. Su luz, su calor viven en nosotras, en mis nietas, en sus corazones inquietos que, como el mío alguna vez, atrapan cada atardecer y cada ráfaga de viento.
(Irina, Barcelona,02.08.25).
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